Grupos de trabajo de REMEDIA-Inventarios

Inventarios: Pilar Merino (NEIKER-Tecnalia), Fernando Estellés (UPV)

El Grupo de Trabajo de Inventarios de GEI tiene como objetivo contribuir a mejorar la calidad de la información científica que puede ser empleada en la elaboración de inventarios de emisiones procedentes del sector Agroforestal en España, a escala nacional y/o regional, a través de acciones que permitan disminuir la incertidumbre de las variables de actividad y de los datos de emisión.

Para ello, se plantean diferentes acciones:

i) recopilar y analizar la información científica existente en España que pueda aportar datos de interés a los inventarios

ii) coordinar esfuerzos para identificar los puntos a mejorar del inventario en los que la investigación científica podría aportar información

iii) definir un grupo de expertos de contacto sectoriales con capacidad de respuesta rápida frente a cuestiones concretas.

De esta manera, se configuraría como un grupo de expertos a los que el Grupo de Trabajo de Inventarios y Medidas podría recurrir a la hora de reportar la información más precisa posible. En este sentido, como un primer paso, desde este grupo se ha realizado la convocatoria a formar parte del grupo de expertos nacionales dispuestos a contribuir con su conocimiento en aquellos aspectos de los inventarios que sean requeridos según la necesidad.

Emails de contacto: pmerino@neiker.netferesbar@upv.es

La información del grupo se irá actualizando en el blog en una de las pestañas habilitadas (grupos de trabajo).

La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura: Evitando soluciones triviales a un problema global

El artículo “Reducing greenhouse gas emissions from agriculture: Avoiding trivial solutions to a global problem” escrito por Jeremy R. Franks y Ben Hadingham de la Universidad de Newcastle, resulta muy interesante frente al reto de reducir emisiones en el sector agrario.  Se trata de un análisis sobre los pasos necesarios para disminuir las emisiones generadas por granjas individuales, el sector y el país y los problemas y luego los retos asociados. Define los 3 pasos como:

  • Identificación de las explotaciones agrarias más contaminantes
  • Determinación de las medidas más apropiadas
  • Selección entra las medidas propuestas según su coste-eficacia

Asimismo describe, entre otras, tres dificultades principales para superar si realmente queremos medidas adecuadas. Si no, se encontrará en una situación donde, por lo visto, unas explotaciones están reduciendo sus emisiones, las del sector y las del país pero realmente están  aumentando las emisiones mundiales.

En primer lugar nos cuenta que hay una falta de consenso sobre qué unidades deberíamos utilizar para medir emisiones de GEI y como tal resulta complicado identificar cuáles son las explotaciones más contaminantes.

Segundo, destaca el fenómeno de “Carbon Leakage”. Este término utilizado para explicar la situación en la que un país consigue disminuir sus emisiones gracias a la exportación de productos con pocas emisiones asociadas y la importación de productos con muchas emisiones. Esta fisura legal permite que los países del Anejo 1 del Protocolo de Kyoto consigan  sus objetivos de emisiones. Si fuera a revés, que las emisiones de las importaciones contaran y las de las exportaciones no, el caso del Reino Unido sería muy distinto: las emisiones de GEI serían 19% por encima (en lugar de 3-4% por debajo) del objetivo de Kyoto.

Finalmente, trata sobre la falta de fiabilidad de datos en el coste-eficacia de varias medidas de mitigación. Describe que las curvas de costes de disminución marginal conocidas por sus siglas en inglés, MACCs (Marginal Abatement Cost Curves) excluyen el impacto de las actividades de mitigación sobre la producción y de ahí  las importaciones y exportaciones.  Además observan que no resulta muy útil dar un ranking de medidas por el sector sin tener en cuenta sus interacciones con otros sectores.

El artículo examina unos temas muy interesantes que deberían ser considerados por todos  los grupos de interés antes de formar nuevas políticas de mitigación. Concluyen que será difícil superar pero necesario para evitar soluciones triviales.

Gases de efecto invernadero que no son CO2 y el cambio climático

La concentración de CO2 en la atmósfera es uno de los parámetros más usados actualmente para estimar la influencia antropogénica en el clima según la teoría del Cambio Climático (véase también IPCC). Se le atribuye un papel fundamental, sobre todo por el incremento registrado de su concentración desde la época de la revolución industrial; hecho que lo ha relacionado directamente con el incremento de las temperaturas. El CO2 es un potente gas de efecto invernadero (el cual retiene parte de la energía solar que entra en nuestro planeta propiciando un incremento térmico) y ha sufrido lo que algunos llaman la “demonización” del CO2. Y es que la teoría de que el causante del calentamiento esté relacionado con el incremento del CO2 atmosférico tiene sus detractores e incluso ha sufrido episodios polémicos al más puro estilo cinematográfico (ClimateGate). Al margen de esto, lo que está claro es que los gases de efecto invernadero pueden jugar un papel importante en la regulación del clima por sus propiedades de regulación energética (Radiative forcing). Es importante reflexionar acerca de las pequeñas variaciones en la temperatura del planeta y su papel en algunos problemas medioambientales. Un ejemplo puede ser la liberación a la atmósfera del metano atrapado en el Permafrost de la Antártida, la cual se va poco a poco derritiendo.
El CO2 es el gas de efecto invernadero utilizado como referencia y es habitual expresar el contenido de otros gases invernadero como el metano, el óxido nitroso o los que reaccionan destruyendo la capa de ozono, como toneladas de CO2 equivalentes. También es frecuente encontrar cálculos sobre la influencia en el clima de diversas actividades en términos de producción de CO2
Con el fin de controlar el aumento del calentamiento global, a nivel internacional se han planteado estrategias como las propuestas en el Protocolo de Kyoto para la reducción de las emisiones de CO2 con más o menos éxito. Centrar los esfuerzos en la reducción de la emisión de CO2 posiblemente sea uno de los principales fallos de este tipo de iniciativas. La reducción del CO2 acarrea serios problemas económicos en muchos países desarrollados o que se están desarrollando económica e industrialmente. Se ha llegado incluso a la compra de los derechos de emisión de CO2 de los países en vías de desarrollo por parte de países que no pueden o no quieren comprometerse con esta reducción.
Una iniciativa muy importante, al margen de la reducción del CO2, es la disminución del resto de gases invernadero, muchos de ellos de manufactura industrial (ya que de forma natural no están presentes). De hecho, aunque en cómputo global sea mayor la cantidad de CO2 emitida a la atmósfera en relación con el resto de gases invernadero, algunos de ellos como el metano o el óxido nitroso tienen más capacidad de retención energética que el CO2 (el caso del N2O llega a más de 300 veces el efecto del CO2) siendo bastante importante en término global. Posiblemente, una alternativa eficaz a corto plazo y rentable económicamente, es la reducción de los gases invernadero que no son CO2. Con esto se podría mitigar, aunque no eliminar, el problema de cara a los próximos años, los cuales y en base al crecimiento demográfico y la demanda energética de los países en desarrollo, se plantean bastante “calientes” desde el punto de vista de las emisiones de gases invernadero. Capacidad tenemos y ejemplos como el protocolo de Montreal para la eliminación de los gases que reaccionan con el ozono de los procesos industriales, han conseguido controlar el efecto desbastador que hubo hace unos años con el agujero de la capa de ozono.
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