Las reuniones científicas y congresos deben ser más sostenibles

Trabajo publicado en la revista NatureFood liderado por el profesor de la ETSIAAB (UPM) e investigador del CEIGRAM (y miembro de Red REMEDIA) Alberto Sanz Cobeña, en el que también participa el investigador postdoctoral Eduardo Aguilera (UPM), y en el que se incide en la necesidad de incrementar la sostenibilidad de las actividades investigadoras, poniendo el foco en los congresos y reuniones científicas.

En el trabajo, publicado en la revista Nature Food, se aborda la importancia de seguir principios de actuación conjunta, fruto de la colaboración entre los organizadores de los congresos y quienes asisten a los mismos, que lleven a una minimización del impacto medioambiental y social de dichos eventos. Los autores, miembros del Grupo de Expertos Internacional en Nitrógeno y Alimentación de UNECE (EPNF), proponen doce principios de actuación que han quedado recogidos en el Manifiesto de Cercedilla, por haber sido en esta localidad madrileña donde se gestó este trabajo hace dos años.

Se puede acceder y firmar el manifiesto aquí.

Los y las autoras del artículo (y del Manifiesto) proponen, sin por supuesto minusvalorar la urgencia climática que nos atañe y sus múltiples conexiones con otros desafíos, mirar “más allá del carbono y del cambio climático” cuando se aborde y avalúe la sostenibilidad medioambiental de nuestras prácticas como sociedad.

En el caso de la participación en reuniones científicas, si bien se reconoce que el mayor impacto medioambiental generado por dicha actividad es debido a las emisiones de gases de efecto invernadero debidas al transporte de larga distancia (siendo por ello urgente fomentar reuniones en remoto), según el trabajo publicado en Nature Food, resulta clave analizar impactos en otros ámbitos de la sostenibilidad. Es el caso del consumo y desperdicio de alimentos en dichas reuniones. En este sentido, según el estudio, ajustar las cantidades de alimentos ofertados, minimizar el desperdicio y basar los menús en alimentos de origen vegetal, no solo llevaría a un incremento notable en la sostenibilidad de la actividad investigadora al reducir la huella medioambiental de las reuniones (incluyendo no solo las emisiones de GEI, sino también la de compuestos nitrogenados reactivos como nitratos, amoniaco y óxidos de nitrógeno, muy ligados a los sistemas agroalimentarios), sino que supondría una muestra de coherencia hacia la sociedad.

Las personas que hacemos ciencia en el ámbito de la sostenibilidad no podemos mirar hacia otro lado, y, ante las urgencias medioambientales a la que nos enfrentamos como sociedades, hemos de ser consecuentes con los resultados de nuestras investigaciones y “predicar con el ejemplo”.

Alberto Sanz Cobeña

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