Artículo| El objetivo del 4‰ en agricultura: una realidad posible tras la implementación de prácticas de manejo sostenibles

Hace pocos días que la revista Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change publicó un artículo, en el que me encuentro entre los co-autores, donde evaluamos las tasas de secuestro de carbono en suelos agrícolas mediterráneos comparando manejo convencional y prácticas de manejo sostenibles (cultivos de cobertera y aplicación de insumos orgánicos) y la posibilidad de cumplir el objetivo de acumulación del 4‰ respecto al incremento anual en el contenido en carbono orgánico en suelos agrícolas.

Tras la evaluación de 72 artículos, y analizar 235 comparaciones, los resultados más destacables son los siguientes:

  1. La variable que más influye en las tasas de secuestro de C es la cantidad de carbono orgánico que entra a través del manejo correspondiente. Así, algunos manejos aparentemente menos „sostenibles“ como el laboreo (especialmente en el caso de los cultivos leñosos) resultan en unas elevadas tasas de acumulación de carbono orgánico. Esto es debido a que en muchos casos, en los cultivos leñosos el laboreo se combina con la aplicación de relativas elevadas dosis de insumos orgánicos (ej. alpeorujo compostado). Por contra, en estos mismos cultivos, el no laboreo va frecuentemente acompanado de la eliminación de la cubierta vegetal mediante la aplicación de herbicidas de pre-emergencia, reduciendo así de forma muy notable la entrada de carbono orgánico al sistema edáfico. Así pues, el laboreo no resulta en una variable definitoria del secuestro de carbono orgánico.
  2. Este hecho se encuentra apoyado en los resultados por tipo de fertilización. Como es de esperar, las tasas de secuestro de carbono orgánico son nulas en la fertilización mineral, mientras que en la orgánica se sitúan entre 60 y 100 (ver figura debajo), dependiendo de si se trata de cultivos herbáceos o leñosos. fig 1
  3. De media, los cultivos herbáceos acumularon alrededor de 15 t C ha-1 año-1 ‰, mientras que este valor fue cinco veces mayor en el caso de los cultivos leñosos (80 t C ha-1 año-1 ‰). La mayor amplitud de la entrecalle en los cultivos leñosos hace que las posibilidades de aplicar manejos que incrementen el input de carbono orgánico al suelo (cubiertas vegetales o insumos orgánicos) sean mayores.
  4. Por último, y muy importante, las tasas de secuestro de carbono resultaron significativamente más elevadas durante los primeros 5 años tras la implementación del manejo sostenible respecto a los períodos 5 – 10 y superior a 10 años. Con las precauciones debidas por las diferentes características edafoclimáticas que afectan a cada uno de los estudios analizados, estos datos indicarían una progresiva aproximación a la situación de equilibrio entradas-salidas de carbono orgánico del sistema conforme se avanza en el tiempo.

Tras estos resultados, las conclusiones que se deducen son bastante claras:

  1. El manejo orgánico, basado en la aplicación de insumos con elevado contenido en carbono orgánico, contribuye de manera fundamental y clave en la consecución del objetivo del 4‰, acumulando durante los primeros 5 años entre 15 y 20 veces dicho valor. Así pues, los suelos agrícolas mediterráneos poseen un gran potencial para acumular carbon orgánico, reducir las emisiones de CO2 y contribuir a la mitigación del cambio climático. El papel mitigador de las prácticas agrícolas de conservación deberá tenerse en cuenta a la hora de contabilizar las NDCs (Contribuciones Determinadas a nivel Nacional) derivadas del Acuerdo de París.
  2. Para poder implementar estas medidas son urgentes e imprescindibles incentivos económicos. En la actualidad la agricultura comercial basada en el uso de agroquímicos (fertilizantes y pesticidas de síntesis) no internaliza las numerosas externalidades negativas que genera (reducción de la biodiversidad, contaminación de suelos y agua, erosión masiva en ciertas áreas…), mientras que la agricultura basada en los manejos sostenibles no recibe ninguna compensación por los numerosos servicios ecosistémicos a los que afecta positivamente (biodiversidad, fertilidad del suelo, calidad paisajística, resiliencia, mantenimiento de cultura y tradiciones…). Es por ello por lo que creemos que instrumentos como la Política Agraria Comunitaria (PAC) deberían ser reformados para que se cumpla el principio de “el que contamina, paga“. Por otra parte, el progresivo alcance del nivel de equilibrio, con la consecuente reducción en las tasas de secuestro de carbono, hace que estos incentivos permanezcan a largo plazo, ya que el cambio al manejo convencional conllevaría una rápida disminución en los niveles de carbono orgánico y, con ello, un aumento en las emisiones de CO2.
  3. Urgimos a los representantes políticos y todas aquellas personas involucradas en la formulación de políticas agrarias y económicas a que tengan en cuenta las claras evidencias científicas, que no hagan oídos sordos y que definitivamente apuesten por la preservación del suelo. Porque si para que se forme un centímetro de suelo es necesario que transcurran de media 100 años, dado el aumento de la población, con los requerimientos de producción alimentaria que conlleva, y el agravamiento de las consecuencias derivadas del cambio climático, está claro que no podemos permitirnos esperar.

El artículo hace referencia únicamente al contenido en carbono orgánico en el suelo. No se ha analizado las consecuencias que ello tendría sobre las emisiones de otros gases de efecto invernadero como el óxido nitroso (N2O). Aún así, consideramos que los beneficios de incrementar el contenido en carbono orgánico en el suelo mediante prácticas agrícolas sostenibles no se circunscriben únicamente a la reducción de las emisiones directas de CO2, sino que también existe una reducción en las emisiones indirectas (ej. todas aquellas relacionadas con la producción y el transporte de los agroquímicos), así como una mejora importante en la fertilidad del suelo. Este último hecho, con frecuencia minimizado, es de vital importancia en los suelos agrícolas mediterráneos, amenazados por la presión humana y la desertificación.

Autor (en representación del resto de autores del artículo): José Luis Vicente-Vicente

Dr. José Luis Vicente-Vicente

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