TRASHUMANCIA Y CAMBIO CLIMÁTICO

Hace poco estuve visitando el Parque Nacional de Cabañeros, una muestra de la dehesa y el bosque mediterráneo. Allí, en mitad de la dehesa, una se llega a olvidar de que está en Ciudad Real y se transporta al Serengeti mientras la vista se pierde siguiendo la pista a uno de los muchos ciervos que no paran de pasar de un lado a otro. La dehesa, la gran olvidada, es el ecosistema humanizado más sostenible del mundo. Un medio moldeado por unos rebaños que ahora tienen prohibido pisar esa finca de Cabañeros a la que un día dieron forma. Mi vuelta a la realidad tuvo lugar cuando escuché al educador ambiental decir que “aquí antes bajaban trashumantes, y las cañadas reales soriana y segoviana pasan muy cerca”. No pude evitar activarme de golpe y preguntarle si ya no bajaban trashumantes a las fincas próximas, a lo que me respondió con una mirada extrañada, como si hablase de fantasmas, y de su boca salió un “¿trashumantes? ¿ahora? Eso hace mucho que se ha extinguido”.

¡Qué pena! De verdad, qué pena que no sepamos recordar y que no sepamos valorar las cosas buenas que aún tenemos, con el fin de incentivarlas y recuperarlas. Lo que más me duele, es que parece que ya nadie recuerda aquellas imágenes que se hicieron virales a finales de la pasada primavera, cuando un rebaño trashumante, que estaba haciendo noche cerca de la ciudad de Huesca, se escapó sin desvelar el sueño de su pastor y tomó la urbe. Aquellas ovejas no hacían otra cosa que lo que llevaban haciendo desde hacía siglos: seguir el camino hasta los pastos de verano. Sin embargo, aquella imagen, curiosa para la mayoría, se hizo viral y sorprendió a quienes daban por extinguida esta actividad.

Hace no tanto, en octubre, los rebaños trashumantes volvieron a ser protagonistas en todos los medios, esta vez por cruzar Madrid, y atrajeron a gentes que se acercaron a verlas pasar mientras ponían rumbo hacia los pastos de invierno.

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En el Libro blanco de la Trashumancia, se define la misma como”una forma de actividad ganadera extensiva, consistente en el desplazamiento estacional del ganado para el aprovechamiento alternativo de la diversidad de pastizales en el momento óptimo de su producción, determinado éste por las características físicas y climáticas del territorio”. Este sistema se lleva practicando en la Península Ibérica desde hace 7.000 años (Cursach, 2003) y tiene un impacto muy positivo en el medio ambiente, ya que, por un lado, al desplazarse el ganado en busca de su alimento, se reduce el consumo de piensos, con lo que se minimiza el gasto de combustible (tanto en el transporte, como en la producción del alimento). Por otro, algunos estudios recogen que en España cada oveja trashumante traslada diariamente alrededor de 5.000 semillas y abona el terreno por el que pasa con más de 3 kg de estiércol, y, además, cada vaca aporta unas 50.000 semillas y 30 kg de abono, a lo largo de 20 Km. diarios de recorrido. O, lo que es lo mismo, cada rebaño de 1.000 ovejas o de 100 vacas trashumantes dispersa más de 150 millones de semillas y 100 toneladas de estiércol, a lo largo de más de 500 kilómetros durante sus desplazamientos de alrededor de un mes por las cañadas (Garzón, 2012).

Sin embargo, esta actividad está en decadencia, siendo cada vez menos los rebaños que se desplazan por la península ibérica imitando los movimientos que estas especies realizaban antes de ser domesticadas. Según una investigación realizada en la Universidad de Alcalá sobre el estado de la trashumancia en León, esta actividad muestra un alto valor de sostenibilidad tanto en la dimensión ecológica como en la productiva, debido al conocimiento sobre los agroecosistemas de los pastores trashumantes, que permite utilizar y mantener la productividad y la composición de los pastos de montaña. Sin embargo, dicho estudio concluye que estos pastos han sufrido un proceso de abandono, con serios cambios en su integridad y coherencia ecológicas; “siendo la Administración quien ha jugado un papel importante en este proceso al impulsar políticas agrarias de intensificación y no apoyando la trashumancia” (Velado y Gómez Sal, 2016).

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En el Cuaderno de la Trashumancia nº 06: Pirineo Aragonés, se apunta a que algunas de las causas del “brutal descenso” de la trashumancia durante el siglo XX están relacionadas, por un lado con la  “crisis general de la sociedad tradicional” y por otro con “problemas específicamente pecuarios”. Sobre estos últimos, se señala la propia producción, al haber sido considerada la trashumancia por algunos técnicos como “un estorbo para optimizar los resultados de una explotación pecuaria racional”, alegando que los animales trashumantes están sometidos a “un régimen alimenticio irregular” y que “el ciclo reproductor no puede adaptarse para proporcionar corderos al mercado cuando éste los demanda”. También se indican problemas relacionados con los pastos, como la ausencia o escasez de agua en algunos puertos de montaña, las malas comunicaciones, ausencia de refugios para el ganado, la desaparición que hubo durante unos años del ganado equino, necesario en toda rotación de los pastos; el choque con los intereses turísticos y los precios, entre otros. Las “incomodidades del viaje trashumante” son otra causa recogida, así como la ausencia de pastores (Pallaruelo, 1992).

Sin duda, el abandono de esta actividad se debe a múltiples causas, pero lo que está claro es que ha ocasionado “graves consecuencias ambientales como la desertización y la no regeneración del arbolado, que afectan, sobre todo, a especies tan sensibles como el lince ibérico, el águila imperial, el águila perdicera, el águila culebrera, el alimoche, la avutarda, el sisón, el aguilucho cenizo o a las áreas de invernada de cientos de millones de aves migradoras europeas, como milanos reales, grullas, avefrías, chorlitos, palomas torcaces, petirrojos, o currucas” (Cursach, 2003). En la actualidad quedan pocas familias trashumantes, por lo que resulta imprescindible impulsar esta actividad para, entre otras cosas, proteger los ecosistemas ibéricos y mitigar los efectos del cambio climático.

REFERENCIAS

Cursach, B. (2003). Trashumancia: preservar una tradición milenaria. Conservación de la Biodiversidad mediante prácticas tradicionales. Ambienta: La revista del Ministerio de Medio Ambiente, (21), 59-66. Disponible en: http://www.mapama.gob.es/ministerio/pags/biblioteca/revistas/pdf_AM/AM_2003_21_59_65.pdf

Garzón, J. (2012). Importancia de la trashumancia en España para conservar la diversidad biológica en Europa y mitigar el cambio climático. Disponible en: http://www.pastos.es/pdf/ADAPTACIoN%20AL%20CAMBIO%20CLIMaICO%20MEDIANTE%20LA%20TRASHUMANCIA%2030.01.pdf

Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (2012). La trashumancia en España. Libro blanco. Disponible en: http://www.pastos.es/pdf/LIBRO%20BLANCO%20DE%20LA%20TRASHUMANCIA.pdf

Pallaruelo, S. (1992). Cuadernos de la Trashumancia, nº0 6: Pirineo Aragonés. ICONA, Madrid. Disponible en: http://www.mapama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/politica-forestal/vias-pecuarias/num_1al12_vias_pecuarias.aspx#para0

Velado Alonso, E. y Gómez Sal, A. (2016). The current status of transhumance systems in the province of León (Spain), towards a multi-dimensional evaluation. In: Options Méditerranéennes, Série A, 116, p. 63-67. Disponible en: http://om.ciheam.org/om/pdf/a116/a116.pdf

 

Autora: Lucía López Marco  (IAMZ-CIHEAM)

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