La Comunicación del cambio climático ¿Lo estamos haciendo bien?

El cambio climático suele ser noticia cuando se bate algún record, tras fenómenos extremos (inundaciones, sequías, etc.) o durante las cumbres mundiales, como la que está teniendo lugar en París estos días. Pero ¿no deberíamos prestarle la atención que merece un “reto global” para la sociedad de forma más continua? ¿Deberíamos reflexionar sobre cómo se puede comunicar la ciencia del cambio climático para que ésta sea catalizadora de cambios sociales y económicos necesarios?

Se puede discutir si el periodismo debe coadyuvar a formar a la ciudadanía en comportamientos sostenibles, pero lo que, sin duda, debe hacer es informar con rigor y responsabilidad. Los medios de comunicación deben promocionar la difusión de las claves científicas del cambio climático, de modo que la sociedad bien informada sea capaz de identificar una información útil y de calidad. Al igual que existen principios editoriales para algunos temas (p.e. “igualdad de género”), sería deseable incluir principios editoriales de “sostenibilidad” como un requisito exigible a los medios de comunicación, especialmente a los públicos, para fomentar una visión de la adaptación y la mitigación del cambio climático acorde con su consideración de reto global.

Hay cosas que cambiar en el tratamiento periodístico de las noticias ligadas al cambio climático. Las imágenes más conocidas se relacionan con espectaculares glaciares en retroceso o con el carismático oso polar. Pero estas imágenes pueden generar la percepción errónea de que el problema que nos ocupa es algo lejano en el espacio, no relacionado con nuestro día a día. Por otro lado, los medios buscan el mayor impacto de las noticias y en consecuencia, en ocasiones ofrecen una información alarmista que, lejos de aumentar la conciencia y la llamada a la acción, genera parálisis y apatía en la sociedad como receptora de noticias.

contaminacionCC

Enmarcar el reto del cambio climático en catástrofes y riesgos, más que en soluciones, no ayuda a llenar el vacío entre toma de conciencia social y una disposición a actuar desde lo local, además de exigir una mayor responsabilidad a las administraciones públicas. Al contrario de lo que ocurre magnificando el catastrofismo, el periodismo debe provocar en la sociedad la sensación de que también desde lo individual se puede luchar contra el cambio climático. Hay que hacer atractivas desde y para el periodismo las noticias relacionadas con las apuestas serias que van en el buen sentido (energías renovables, reducción de consumos y distancias, reciclaje efectivo, transporte público, etc.) y distinguirlas de las apuestas superficiales y sensacionalistas.

La necesidad de información que eduque y sensibilice sobre la sostenibilidad y el reto del cambio climático choca con la realidad de un periodismo en condiciones cada vez más precarias. Hoy tenemos menos periodistas expertos en ciencia y medio ambiente en los grandes medios, así como menos agencias de comunicación especializadas debido al efecto de la crisis. Existe una dificultad objetiva de generar información que llame a la transformación del modelo social y económico causante del cambio climático. Ésta se debe a varias razones, entre ellas la necesidad de cuestionar el modelo de producción, transporte y consumo actual que perjudica a lobbies financieros que pueden seriamente influenciar las líneas editoriales de los grandes medios de comunicación.

También los científicos tienen su parte de responsabilidad. Muchos investigadores, especialmente los más jóvenes, tienen una falta de preparación preocupante para comunicar su labor a la sociedad. Subyace una cuestión previa importante, la disposición que deben tener los investigadores para esa comunicación. Los científicos debaten de forma abierta dónde poner el límite entre la información y la opinión en la socialización de un conocimiento científico que debe estar en continuo dinamismo. Hay algo claro: la información científica tiene que ser objetiva y rigurosa, y junto con ello quien hace ciencia tiene que transmitir, desde su conocimiento en la materia, su opinión al respecto como incitación a la reflexión, en la sociedad y en las instituciones. Nunca habrá seguridad al 100% en las proyecciones (no existe el riesgo cero), pero el principio de precaución es suficiente para opinar, y actuar, a pesar de las incertidumbres asociadas.

DSC_1581

Abriendo REMEDIA a la sociedad

Es crucial que investigador y periodista desarrollen una confianza mutua. Igualmente, es vital que los científicos cuenten con gabinetes de prensa que faciliten la comunicación y canalicen la relación con los medios. Desgraciadamente, la crisis como excusa, está mermando muchos de los recursos dedicados a la diseminación y comunicación de la ciencia debido. Éste es otro triste resultado de los recortes por el cual todos salimos perdedores: científicos, profesionales de la comunicación y sobre todo, la sociedad como receptora de información rigurosa.

La Cumbre del Clima de París ha conseguido, por un par de semanas, atraer un gran foco mediático. En este contexto no debemos dejar la oportunidad de reflexionar sobre cómo se han tratado informativamente las noticias derrotistas tras anteriores Cumbres del Clima y, sobre todo, tras la ‘gran decepción’ de la Cumbre de Copenhague en 2009. Depende de cómo se trate el esperado acuerdo resultante de París, es posible que la ciencia del cambio climático se resienta tras una posible resaca derrotista. Por el contrario, un acuerdo ‘suficientemente exitoso’ puede fomentar la concienciación social sobre la necesidad de luchar contra el cambio climático y generar una nueva cantera de investigadores y periodistas ambientales, algo totalmente necesario.

En definitiva, debemos sentar las bases para una mayor y mejor comunicación entre la ciencia, los medios y la sociedad como receptora de información. Para que nadie sea un mero observador. Tenemos que actuar conjuntamente. El cambio climático no espera.

Unai Pascual (Basque Centre for Climate ChangeBC3) y 13 científicos, académicos del área de la comunicación y profesionales del periodismo ambiental y científico

Firman el presente artículo integrantes del comité científico y ponentes del Klimagune Workshop 2015 (Bilbao, 23 Noviembre 2015)

DSC_0153b

Científicos sobre cambio climático y medio ambiente global:

Dr. Max Boycoff (University of Colorado-Boulder, EEUU)

Dr. Iñaki Antigüedad (Catedrático de Hidrología, Universidad del Pais Vasco, UPV-EHU)

Dr. José Ramón Díez (UPV-EHU)

Dr. Sergio Faría (Basque Centre for Climate Change, BC3)

Dra. Elena Ojea (Basque Centre for Climate Change, BC3)

Dr. Ignacio Palomo (Basque Centre for Climate Change, BC3)

Dr. Agustín del Prado (Basque Centre for Climate Change, BC3; RED REMEDIA)

Aitxiber Zallo (Técnica de Sostenibilidad UPV-EHU)

Académicos del área de comunicación y profesionales del periodismo ambiental y científico (ponentes invitados en el Klimagune Workshop 2015):

Dr. Bienvenido León (Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra)

Eva Caballero (La mecánica del caracol, EITB)

Miguel González Corral (El Mundo)

Inaki Petxarroman (Berria)

Dra. Maria Josep Picó y Garcés (Periodista Ambiental y Científica, Universitat de València)

Artículo integramente publicado en EFEverde (12/10/2015)

EfeverdeKlimagune2015

Algunos tweets del Klimagune Workshop 2015 (Bilbao, 23 Noviembre 2015)

Información subida por

Agustin del Prado

CLICK AQUÍ PARA HACERTE SOCIO DE RED REMEDIA

SIGUENOS EN TWITTER, LINKEDIN , Youtube  y FACEBOOK

¿Cuál es la importancia del carbono orgánico de los suelos?

Nos hacemos eco del primer science-policy-brief elaborado por el Science-Policy Interface de la Convención de las Naciones Unidas de lucha Contra la Desertificación (UNCCD) de la que forma parte nuestro compañero del CEBAS CSIC (Joris de Vente)  del Grupo de Erosión y Conservación de suelos, en el que se trata de explicar la importancia de carbono orgánico de los suelos, a nivel de tomadores de decisiones (Policy Makers).

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación acaba de publicar un informe en el que se señala la importancia de carbono orgánico de los suelos orientado a los decisores políticos y que se está presentando estos días en la  cumbre sobre cambio climático que se celebra en París (COP21). En este informe se hace hincapié en las posibilidades de mantener y aumentar el secuestro de carbono en suelos a través de prácticas de manejo sostenibles tanto en sistemas agrícolas (cubiertas protectoras, laboreo cero, fertilización verde, etc.) como en sistemas forestales como medida de mitigación y adaptación frente al cambio climático, así como para frenar la degradación del suelo y evitar la pérdida de biodiversidad biológica del suelo.

Untitled

Screenshot 2015-12-03 19.16.30

También se plantean cuáles podrían ser las consecuencias de la inacción, tales como la pérdida global de valores de los servicios de los ecosistemas debido a la degradación de la tierra y la desertificación, y se recomienda la adopción de prácticas de gestión sostenible de la tierra orientadas a la conservación de suelo y agua, apostando por la capacitación entre agricultores con el objetivo de que lleven a cabo una irrigación gestionada de manera más sostenible, proponiéndose algunos ejemplos como el regadío en fondo de valles llevados a cabo en el Norte de Nigeria y Níger.

El nexo de unión entre el carbono del suelo y el cambio climático

Screenshot 2015-12-03 19.14.06

Aquí os dejamos en castellano (El carbono esencial en la Tierra) y en inglés (Pivotal Soil Carbon) los documentos íntegros:

 video de cómo intentar luchar frente a la degradación de los suelos.

Información proporcionada por

Joris de Vente (CEBAS CSIC)

2012_joris_campo_lr-327x245

 

subida por

Agustin del Prado

CLICK AQUÍ PARA HACERTE SOCIO DE RED REMEDIA

SIGUENOS EN TWITTER, LINKEDIN , Youtube  y FACEBOOK

El momento es ahora (otra vez)

Ayer comenzó la cumbre del clima (COP21) en un París cercado por el miedo y los temores (fundados) a nuevos ataques terroristas. En este clima, el Gobierno socialista de la República ha presentado una propuesta en la Asamblea Nacional para “fortalecer la seguridad de la nación” a costa de limitar, entre otras, las libertades individuales y de asociación. Los “daños colaterales” de esta acción, ampliamente respaldada por todos los representantes de la ciudadanía francesa en la Asamblea, son numerosos. Entre ellos, la imposibilidad de ejercer el derecho a manifestarse pacíficamente para reclamar acciones concretas de gobiernos y corporaciones que detengan la escalada de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que ponen ya en serio riesgo la vida de muchos seres humanos en nuestro Planeta.

índice

Las repercusiones de esta prohibición son especialmente preocupantes debido a la relevancia que esta cumbre tiene en el marco de las negociaciones climáticas que se vienen celebrando cada mes de diciembre. La atención mundial que suscita este encuentro, en el que se han volcado muchas esperanzas, es uno de los factores que puede contribuir a que sus resultados supongan acciones que lleven a un descenso real de la emisión de gases de efecto invernadero, así como a la adaptación a las consecuencias del cambio climático. Por ello, la prohibición de manifestación en este momento crucial es un golpe contra los esfuerzos por conseguir un acuerdo final ambicioso y muy necesario.

¿Por qué es tan importante esta reunión, la número 21 desde que se iniciaron en 1995?

Por un lado, la COP21 debe su importancia al momento climático y, por otro, al cúmulo de fracasos que estas reuniones vienen cosechando. En lo que a la ciencia se refiere, se ha establecido el límite de los 2ºC como el incremento máximo – con respecto a los niveles preindustriales – que la Tierra podría soportar para evitar interferencias antropogénicas peligrosas con el sistema climático, aunque muchos científicos de primera línea defienden que el límite debería situarse en 1,5ºC.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), las posibilidades de evitar esta interferencia aumentan significativamente si nos situamos por debajo de 450 ppm de CO2eq (Figura 1). En 2012 estábamos en 435 ppm, y, como se puede ver en el gráfico, las emisiones se han disparado desde mediados del siglo pasado, cuando había unas 310 ppm. A pesar de los últimos esfuerzos de algunos países (no es el caso español, pese a que el actual Comisario de Acción por el Clima y Energía de la UE es el anterior Ministro de Medio ambiente y Agricultura), el futuro no es alentador. Por tanto, el momento de actuar es ya, puesto que cada año que pasa sin hacerlo el problema se agrava y las soluciones se complican (y encarecen).

ppm CO2

Figura 1. Concentración atmosférica de dióxido de carbono (CO2) medidas en Mauna Loa (en rojo) y en el Polo Sur (en negro) desde 1958. Fuente: IPCC, 2013, Summary for Policymakers. En Climate Change 2013 The Physical Science Basis. Contributions of Working Group I to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.

Por otro lado, en la cumbre de Copenhague de 2009 las esperanzas mundiales se vieron truncadas al fracasar el objetivo de lograr un acuerdo global vinculante post 2012 (fin del primer periodo del Protocolo de Kioto). La firma de este acuerdo fue emplazada a París. Si las altas expectativas puestas en la cumbre de la próxima semana tuvieran que postergarse para un futuro acuerdo, una vez más, supondría una muy importante merma en la energía y tesón de las personas que están esforzándose por solucionar el problema climático. Hecho que, a su vez, se traduciría en más complicaciones en futuras negociaciones y acuerdos menos justos, siempre justificables por la urgencia ineludible de las soluciones. Chapuzas y abusos que se defenderán por la “responsabilidad” de hacer frente al problema, pues (muy) tarde o temprano éste habrá de abordarse.

Sin embargo, esta vez no ha habido (ni habrá) imágenes de gente manifestándose por las calles de París. Esta censura (que ha llevado al tiempo a la detención domiciliaria preventiva de 24 activistas), además de ser una oportunidad perdida de mostrar ante el mundo un grito firme de responsabilidad ciudadana e institucional, es un palo en la rueda de las soluciones. La presión ciudadana y la atención mediática son importantes para impulsar acuerdos de máximos, pero también para lograr compromisos y medidas unilaterales tanto en el sector público como en el privado. Lo vimos en Copenhague, donde, pese al fracaso de las negociaciones y el acuerdo colectivo, varios actores anunciaron sus medidas unilaterales para frenar el cambio climático. DONG Energy (la compañía nacional danesa de energía), por ejemplo, se comprometió a cerrar varias plantas de carbón al final de la cumbre, y el gobierno de Dinamarca prometió generar el 100% de su energía mediante tecnologías renovables en 2050. Estos gestos, por supuesto incluidos dentro de estrategias empresariales y políticas, fueron favorecidos por la celebración de la cumbre en Dinamarca y la atención que la lucha contra el clima suscitó durante esas semanas, y tienen un efecto positivo.

Francia_Paría_COP21_Manifestación-por-el-clima-Twitter_iTele1-599x330

La manifestación de París fue sustituida por un acto simbólico en el que se colocaron 20 mil pares de zapatos junto al monumento de la Plaza de la república en el que se recuerda a las 130 víctimas de los asesinatos del día 13 de Noviembre.

Que ocurra algo parecido en París se ve dificultado por las medidas impulsadas por el Gobierno francés. Ciertamente, no se pueden desligar los atroces ataques ocurridos hace unos días en París (como los anteriores en Madrid, Nairobi, etc.) de la sinrazón y locura fanática de una minoría social, cocinadas en el caldo de los intereses geoestratégicos de gobiernos supuestamente democráticos. Como tampoco se puede negar que la creciente situación de desigualdad que sirve de acicate para buscar asilo – material o moral – en estos grupos extremistas está relacionada con los cambios en el clima provocados por un modelo de sociedad sostenido en el consumo incesante de recursos.

El fanatismo no es una característica intrínseca de ciertas personas o culturas, sino, en muchas ocasiones, la consecuencia desafortunada de la desesperación y la frustración. La solución del problema climático es necesaria para generar estabilidad en diferentes lugares del planeta y, a escala global, supondría una vía para acabar con la pobreza y las desigualdades. Ha de imperar una mirada responsable al futuro que venga a contestar al terror y al odio entre seres humanos. Un ataque terrorista puntual, por grave y despiadado que sea, no puede servir para poner en peligro las negociaciones que lleven a un acuerdo serio (por fin) y ponga freno las emisiones de GEI al tiempo que impulsa políticas de adaptación y mitigación efectivas.

En estas circunstancias, corremos el riesgo de perder una gran oportunidad de decirles a todas las pobladoras de este planeta que estamos decididas a luchar juntas, desde YA, para frenar la degradación ambiental que está detrás de muchas de las tragedias que nos asolan y tememos. De las que ya han roto los cristales de los espejos cóncavos y convexos de la realidad deformada y esquizofrénica que vivimos, y de las que están por llegar si no (nos) decimos: ¡Basta ya!

Nos sobra información, al menos en esta parte del mundo. Los expertos del IPCC, médicos, físicos, economistas, nutricionistas… nos dicen que la fiesta ha terminado… que eso que se oye no es un tambor sino el crujir del hielo bajo nuestros pies… y que la pelota está en nuestro tejado. O cambiamos el modelo ya, o entendemos e interiorizamos que nuestras acciones cotidianas tienen efectos devastadores aquí y allí, o el último que apague la luz (si no ha cortocircuitado antes todo el sistema).

Ivanka Puigdueta Bartolomé & Alberto Sanz-Cobeña