La máquina del tiempo

“El Viajero a través del Tiempo (pues convendrá llamarle así al hablar de él) nos exponía una misteriosa cuestión. Sus ojos grises brillaban lanzando centellas, y su rostro, habitualmente pálido, mostrábase encendido y animado. El fuego ardía fulgurante y el suave resplandor de las lámparas incandescentes, en forma de lirios de plata, se prendía en las burbujas que destellaban y subían dentro de nuestras copas.”

La Máquina del Tiempo (H.G. Wells., 1895)

Da la impresión de que nuestros representantes políticos nos invitan cada cierto tiempo, animados por la dejación de funciones que ejercemos como ciudadanos activos, a subirnos a ese ingenio y viajar, continuamente al pasado.

Hoy, ese pasado es el de las reuniones interminables de esas “Cumbres del el Clima” (COP) y/o reuniones de seguimiento del Protocolo de Kioto, tan grandilocuentes como lejanas.

LIMA

Fuente: Reuters

Los medios de comunicación nos invitan a imaginarnos a nuestros representantes remangados, ojerosos: héroes y heroínas de nuestro tiempo, incansables. En lugares remotos, luchando contra la adversidad y la frialdad de los granos de los relojes de arena que van cayendo sobre nuestros hombros: “los mandatarios y representantes de las  más de 190 delegaciones han cerrado un acuerdo de mínimos a altas horas de la madrugada”. Este titular es inventado. He aquí un pequeño repaso a algunos reales:

Además de resultarnos familiar, debería, creo, llamar a nuestra indignación y, si me lo permitís, a nuestra adormecida conciencia.

Resulta estremecedor pensar en el inmovilismo de los delegados de muchos de los países participantes en estas cumbres. Cada uno representa unos intereses que, en ocasiones no parecen ser los de las personas a quienes dicen representar. Pero más grave es la inacción de los ciudadanos que miramos hacia otro lado, delegando nuestra responsabilidad en el/la otro/a, ya sea político, científico, abogado, experto… ¿Qué podemos pedirles a nuestros representantes si nuestros niveles de auto-exigencia son tan exiguos como los resultados de estas cumbres? ¿Cuántos de nosotros conocíamos los objetivos de nuestro Ministerio de Agricutura, Alimentación y Medioambiente para esta Cumbre (por cierto, publicados en su web)?

La pregunta aquí es: ¿Es posible hacer algo? ¿Tenemos capacidad de actuación? ¿En qué ámbitos es posible hacerlo?

Al tiempo que las noticias sobre la cumbre de Lima nos retrotraen a aquellos momentos de juventud por su reiteración en la inacción, otras más recientes nos acercan a posibles soluciones. Algunas viables hoy, ahora. Otras que parecen más inalcanzables, quizás oportunidades perdidas o, por qué no, una semilla para el optimismo. Un optimismo racional, el optimismo de aquellas personas dispuestas a actuar. Entendiendo la acción, en ocasiones, como sacrificio individual por el beneficio colectivo.

En el caso del sistema agroalimentario, sabemos del gran potencial de mitigación que presentan medidas inherentes al mismo, al tiempo que se trata de un “todo” altamente vulnerable a efectos negativos del Cambio Climático como el aumento en intensidad y frecuencia de las sequías y tormentas.

En el ámbito de las soluciones, la semana pasada nos llegaba, a través de Efe Verde, las palabras de nuestra compañera de REMEDIA y coautora del último informa del IPCC, Marta Rivera Ferre. En la entrevista, Marta afirma que, pese a las malas noticias que muestra el nuevo informe, los objetivos de reducción de emisiones y de adaptación a las consecuencias del Cambio Climático podrían alcanzarse con la implicación de todos y la implementación de, entre otras medidas, algunas tan asequibles como el consumo de productos locales y de temporada, así como un menor consumo de proteína animal.

marta2

A pesar de los “fiascos” en las grandes Cumbres y encuentros “por el Clima”, parte de las soluciones en materia de mitigación y adaptación nos competen directamente y está en nuestra mano actuar en pro de llegar a alcanzarlas.

En esta línea se encuentran los resultados de estudios científicos recientes como el liderado por el investigador belga de la Universidad Pierre y Marie Curie (París), y buen amigo de REMEDIA, Gilles Billen y en la que ha participado Luis Lassaletta, co-editor de este blog. En su interesante artículo, de próxima publicación, los autores muestran distintas opciones de alimentar el mundo en el horizonte 2050, basadas en combinaciones diversas del grado de intensificación de la agricultura y en la composición de la dieta humana, en términos de consumo de proteína animal, en doce macro-regiones del mundo. En todos los casos se considera el correspondiente nivel de comercialización global necesario para sostener cada escenario, así como su efecto en términos de contaminación ambiental por compuestos nitrogenados. El principal resultado del estudio muestra que los sistemas locales permitirían dar respuesta a las necesidades de alimentos a esa escala, al tiempo que redundarían menos negativamente en el medio, a través de una menor liberación de compuestos nitrogenados, en comparación a aquellos sistemas basados en el comercio internacional de alimentos y piensos.

Siguiendo con algunas noticias aparecidas este fin de semana y que suponen una relativa llamada a la esperanza: el nuevo etiquetado en determinados productos impulsado desde la UE y a ser implementado totalmente en el plazo de tres años. ¿Se trata de un éxito de la política? ¿De la ciudadanía? Posiblemente de ambos, ya que no es ni será posible actuación política o legislativa alguna sin un apoyo y acción ciudadanas. En el caso del nuevo etiquetado, nos encontramos, en apariencia al menos, ante una buena noticia. Sin embargo, surgen dudas acerca del alcance de la medida en materia medioambiental, por ejemplo. ¿Podríamos haber participado más (y mejor) como científicos? ¿y cómo consumidores? ¿Existen los canales y la voluntad para ello?

Poder conocer el origen de la carne que consumimos es un avance hacia un sistema agroalimentario más justo y menos lesivo con las personas y el medioambiente, y saber si el aceite que consumimos es o no de palma tiene serias implicaciones medioambientales en general y sobre el cambio climático en particular, pero ¿Hubiera sido posible un etiquetado ampliado con la huella de Carbono de cada producto, y con su huella de Nitrógeno?

El principal problema hoy es que, a pesar de que el Gobierno Español, promueva las prospecciones petrolíferas, el combustible de la máquina del tiempo se va agotando y va llegando el día en que no nos podamos regalar una mañana de domingo más, en la que sorbamos un café, de Uganda por ejemplo, mientras recordamos cuan felices éramos en aquellos tiempos en los que nuestros “arremangados e insomnes líderes” nos salvaban el pellejo. Es hora de actuar.

Para terminar, una última serie de preguntas: ¿Cómo poder mejorar en este ámbito como científicos? ¿Hacemos todo lo posible? ¿Qué es lo posible en nuestro ámbito? ¿Contamos con los recursos, tiempo y libertad necesarios para ello?

Alberto Sanz Cobeña

 

Un pensamiento en “La máquina del tiempo

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